El primer mundial de futbol se remonta al año 1930 en Uruguay y aunque no lo crean, tiene mucho que ver con la idea de generar nacionalismo en la sociedad de masas post Primera Guerra Mundial.
Antes de este enfrentamiento entre distintos imperios, hace unos buenos años se venía gestando el famoso nacionalismo, los grandes imperios necesitaban inculcar en la gente la idea del espíritu patriótico, que la patria lo era todo y si era necesario dar la vida por ella, no importaba. Por ello el futbol nace como una buena alternativa para crear este sentimiento ya que es un deporte popular que se práctica en distintas partes del mundo y donde no es necesario tener un idioma en común o mucha parafernalia para participar.
Pero no nos desviemos del tema. Hoy en día el futbol nos hace sentir la fuerza de nuestro espíritu nacionalista, no importa religión, ideología, clase social; todos nos unimos al grito fervoroso de un gol, sentir que es una batalla justa, con reglas, en donde 11 guerreros pueden alcanzar la victoria y poner el nombre de nuestra nación en lo más alto de la gloria. Identificarse con lo más propio de lo nuestro, nos hace perder el miedo a pintarnos la cara, lucir poleras, gorros, bufandas y cuanto hay con los colores patrios, a odiar al vecino porque es de otro país e incluso discutir y llegar a golpes a miles de kilómetros del lugar del mundial, sólo porque nuestra nación perdió. Nadie, absolutamente nadie puede quedar indiferente a esta fiebre nacionalista, hasta los pascuenses que siempre exponen no sentirse completamente chilenos llenaron la isla de blanco, rojo y azul y se unieron a la alegría de los triunfos de nuestra roja.
Estando en época de mundial es fácil darse cuenta que los rencores y problemas políticos no quedan exentos a esta celebración del futbol. Las discriminaciones, los prejuicios y otras cosas juegan también en la cancha. Como ejemplo podemos tomar los típicos comentarios al enfrentarnos a un país con ciertas características étnicas o el mismo himno “Waka-waka”, las noticias día a día nos van mostrando las tensiones entre los equipos jugadores.
Otro buen ejemplo sería el partido de Estados Unidos con Inglaterra, el mundo entero estaba expectante para ese partido. La razón; “son las grandes potencias mundiales”. Nada que ver con futbol.
Retrocedamos en el tiempo hasta las clasificatorias, antes del mundial. El 18 de Junio de 2008 Chile jugó con Bolivia en el estadio Hernán Siles Suazo de
Ahora Chile quedó fuera del mundial. Otra vez tuvimos que morder el polvo de la derrota pero recibimos a los jugadores como nuestros más grande héroes. Ya comienzan a aparecer calles con sus nombres y se hace espacio para un lugar en nuestra historia. Al fin de cuentas son nuestros próceres modernos, para muchas personas es lo más cercanos a un Arturo Prat o un Bernardo O’higgins, y qué importa si el país se paralizó por cuatro días, si dejamos de trabajar y producir millones de dólares, si dejamos el desastre en plaza Italia.
Por 360 minutos nos sentimos más chilenos que nunca.
Pero el futbol ha sido –desde el primer mundial- el “cuasi delito” de guerra que no se puede llevar a cabo. Imaginen si es que en realidad se realizara otra guerra mundial. Los destrozos serían terribles por el avance de la tecnología y los niveles socio-económicos de las naciones. Pero insisto, si nos fijamos, esas “guerras y batallas” están presentes en el futbol. No quedan exentas a él y eso es lo que nosotros; Javiera Araya y Lucas Freixas quisimos rescatar de este mundial, el lado B que todos sabemos y no muchos lo plantean.



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